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VOZ OFICIAL - CAM

COORDINADORA DE COMUNIDADES MAPUCHE EN CONFLICTO

wixue

«Somos un
pueblo ocupado,
tenemos derecho
a rebelarnos.»

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MATÍAS KATRILEO

Un weichafe de la CAM asesinado por el estado chileno.

Matias Katrileo

"Nosotros no somos chilenos,
Nosotros somos Mapuche.
Eso no se le tiene que olvidar nunca."

Matías Katrileo : ¡PRESENTE!

El compromiso genera nuevas realidades.

El espacio principal en que se desata la represión es en las comunidades, porque la energía viene de allí, no de nosotros, a quienes los represores consideran un grupo de dirigentes que se sienten iluminados. No somos eso, pero tampoco somos lo que vulgarmente se llama un "aparato".

El caso más ilustrativo es Poluco Pidenco, donde se produce el encuentro entre une mayoría de luchadores de las comunidades y dirigentes de la CAM. El asesinato de Alex Lemún, un joven de diecisiete años, muerto por una bala que le destruyó el cerebro, está inscrito en este proceso de lucha. Lemún cayó por su entrega a la lucha por recuperar la tierra. Él participaba muy activamente en la recuperación de un fundo que se estaba demandando, en un lugar donde la contradicción estaba viva, ardiente diría. Cayó en el proceso de la resistencia mapuche, en medio de la refriega entre las boleadoras y las armas automáticas.

Nuestro proyecto político exige entrega y compromiso. No seguimos una vía fácil; impulsamos una lucha real contra el latifundista y las forestales, contra la lógica capitalista y en esa lucha, sabemos que tendremos heridos, presos y muertos.

Otro caso, con su propio significado, es de Matías Catrileo, cuya entrega valoramos enormemente. La bala que lo mató, una mañana de enero de 2008, fue disparada en terreno plano, un campo abierto; le entró por la espalda y le salió por su pecho. Él fue tomando progresivamente decisiones políticas e ideológicas, se fue acercando e integrando a una comunidad. Su joven historia demuestra que el compromiso genera nuevas realidades. No importa si el hermano viene de la diáspora o de las comunidades, si realmente toma un lugar en la lucha.

A Matías lo conocí en Rucañanco, cuando participaba en una recuparación de tierras. Yo había estado clandestino por un buen tiempo, luego del repliegue táctico que habíamos resuelto como CAM. Dirigía una reunión. Recuerdo haber indicado que solo participarían mapuche, y, luego, señale la presencia de un joven que no respondía de nustras características físicas. Entonces él me emplazó y subrayó con convicción su apellido: Catrileo, dijó y repitió: "Catrileo".

Más tarde supe que provenía de Santiago y que, según él mismo gustaba decir, era una mezcla de punk y chorizo. Fue tal vez mi gesto cuestionador el que impulsó a ser el más dedicado a las tareas de esa jornada. Me lo encontré en los puestos de seguridad, haciendo guardia y siempre muy atento a las discusiones, callado, sin intervenir. Más tarde, alguien propuso que ma sacarán de la zona. Sin dudar, Matías se ofreció para hacerlo.

En esa ocasión, cruzamos algunas palabras y él, me preguntó por mi disposición a resistir ante una eventual detención. Posteriormente, fui hecho prisoniero en febrero de 2007 y mi primera visita fue la de Matías Catrileo. A partir de entonces, se convirtió en hermano y amigo, no solo mío, sino de toda mi familia, en particular de mis pequeños hijos, con quienes desplegó su gran dimensión humana. Jugaba con ellos, practicaa el palín, y los acompaño siempre cuando se estableció un campamento durante la huelga de hambre a fines del 2007, frente a la cárcel de Angol.

Con sus visitas, me fuí enterando de sus cambios. Matías terminó por transformarse en un destacado militar mapuche, en un weychafe. Lo recuerdo ávido de lecturas y discusión. Para mí, sus inquietudes y sus deseos de formación eran un desafío. En una ocasión, se coló entre dirigentes indianos que me visitaban, entre ellos Felipe Quispe. Él queria ser parte de esa experiencia y conocer más a fondo la lucha de los pueblos americanos. Para mí, fue impresionante seguir sus cambios, que incluían su forma de hablar y su presencia personal. Dejó de fumar y se ejercitaba y absorbía todo lo qe se proponía intelectualmente, porque en ese plano era muy destacado. Su maximo definición fue abandonar sus estudios e irse a vivir en las comunidades. Matías Catrileo fue siempre un ser animoso y vital, muy convencido del proceso que emprendía nuestra organización. Sus cualidades como weychafe lo habrían impulsado, lo doy por seguro, a ser una figura principal de nuestro movimiento.

Soy un convencido que Matías vive entre nosotros. Los mapuche lo sabemos. Su Púllú se deposita cada vez que continuamos éste proceso de liberación.

Y, mire usted: el asesinato de un mapuche parece no conllevar pena. El mayor Treuer y el cabo Ramirez, autores del crimen, gozan de libertad y sus carreras están intactas.

Fragmento de WEICHAN, capitulo 5

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